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sábado, 4 de marzo de 2023

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA - REFLEXIÓN

Una de las escenas, uno de los momentos más conocidos de la vida de Jesús, que solemos celebrar el día seis de junio, la fiesta de la Transfiguración del Señor, tiene lugar en el monte alto, el monte Tabor, donde nos encontramos con Jesús cuando camina hacia Jerusalén, la ciudad donde matan a los profetas. Allí se dirige Jesús y allí será crucificado, para resucitar al tercer día.

En el monte Tabor, estará Jesús acompañado de tres de sus discípulos, los mismos que luego le acompañaran en el Huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos, cuando será entregado en manos de los sumos sacerdotes. Lo recordaremos y celebraremos en el día del Viernes Santo.

En el monte Tabor tiene Jesús un encuentro con Moisés y con Elías, los dos grandes profetas del Antiguo Testamento. Por eso señalamos tres ideas que este hecho nos deja, fijándonos en sus protagonistas.

Moisés representa la Ley, lo que está mandado, lo inscrito en las tablas de la Ley que recibió en otro monte, el monte Sinaí. Y es ahora la ley ha llegado a su fin. Dios allí se escogió a un pueblo, el pueblo de Israel, como su pueblo. Le dio los diez mandamientos, cuyo cumplimiento sería la manifestación ante todas las naciones, que ellos son el pueblo de Dios, donde se cumple aquella promesa de Dios: “Yo soy vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”. Pero en el monte Tabor acaba el imperio de la ley. Los diez mandamientos ya no son la seña de identidad del pueblo de Dios.

Elías es el primero de los profetas. Un profeta indica al pueblo donde se ha equivocado abandonando a Dios. Él les dirá como tienen que actuar para que Dios no haga caer su ira sobre ellos. Porque el pueblo de Israel rompió con los mandatos de la ley de Dios, rompieron con ser el pueblo que Dios se había escogido y se cambiaron a otros pueblos extranjeros, a seguir sus prescripciones, a cambiar a Dios por los ídolos. Volver a los mandamientos es volver a prescripciones que no son el final, sino el camino que nos lleva a la plenitud de los designios de Dios.

Jesús es el otro, el que nos da su amor en su muerte y en su resurrección de las que todos participamos por el bautismo que hemos recibido y por el que Dios nos ha hecho hijos suyos. Y este es el designio de Dios, lo que él quiere para todos y cada uno de nosotros. Por amor nos hace hijos suyos, con amor viviremos la vida de los cristianos. No te fijes en lo mandado sino en lo que nace de tu corazón, lo que te vida de verdad. Que para los vivos no hay nada más difícil, ni nada más gozoso, que Vivir.

No hay amor más grande que el que da su vida por sus amigos. Y así podemos entender el consejo de Jesús a sus discípulos cuando bajan del monte: no digáis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos. Toda muerte por amor acaba en la resurrección. En esa nube luminosa que en el monte Tabor les cubrió.

Ya no somos hijos de Dios por cumplir normas y mandatos porque sí. Mucho menos por cambiar a Dios por otros dioses que continuamente nos acechan en nuestra sociedad. La Palabra de Dios nos enseña el camino que nos lleva a la verdadera vida, la vida en Cristo resucitado. 

Ser cristianos es confiarnos en el amor de Cristo, muerto y resucitado. Por eso solamente hay un mandato de Jesús: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Y para vivirlo nos vamos preparando en el tiempo de Cuaresma.

sábado, 25 de febrero de 2023

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA - REFLEXIÓN

La cuaresma es el tiempo en el que los cristianos nos preparamos para celebrar el momento más importante del año: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Es celebrar la salvación que Dios nos ha traído, que Él nos ofrece y que nosotros nos preparamos en este tiempo para aceptarla, vivirla y dejar que cambie nuestras vidas, llenándolas de ese amor que Dios nos tiene y que nos invita a compartir con todos los hombres y mujeres del mundo, para que seamos cada día más humanos; que para eso hemos recibido el don de la vida, el gran regalo de Dios.

El evangelio que hoy hemos escuchados nos pone frente a las tentaciones que recibimos, para cambiar a Dios y su amor, por nosotros y nuestros egoísmos. Tal como sucedió con nuestros primeros padres, que, por querer ser como Dios, perdieron su humanidad, la vida feliz que Dios les dio en el Paraíso y se dieron cuenta de que sin Dios estaban desnudos, no valían para nada.

Estas son también hoy nuestras tentaciones, las mismas que ya sufrió Jesús y que en el evangelio hemos leído y que él nos enseña y ayuda a superar, si a ello estamos dispuestos.

No solo de pan vive el hombre. Hay otras necesidades que son tan o más importantes que alimentar nuestro cuerpo. Necesitamos alimentarnos de amor, de solidaridad, de generosidad, de preocuparnos por los demás. Que el pan de las piedras solo puede rompernos los dientes.

No tentaras al Señor tu Dios. No sea tan listo que te creas que es Dios el que tiene que hacer lo que tú le pides. Rezamos mucho pidiendo cosas a Dios, nos enfadamos porque no nos las da. Y nos tenemos que dar cuenta de que Dios es el que nos acompaña en los buenos y malos momentos de la vida. No le digas a Dios lo que tiene; pídele que te ayude en tantos momentos de la vida en que necesitamos de Él. Dios nunca nos falla, somos nosotros los que le fallamos a Él

Al Señor solo adorarás. Al final de la vida lo único que nos queda es el amor de Dios. Las cosas materiales, por muy buenas que creamos que son, aquí las dejaremos. Y no siempre nos ayudan a ser felices en la tierra. Cuantas veces las familias se destruyen por un trozo de tierra, por una herencia, por tantas cosas que queremos y que al final no nos sirven para nada. Adorar las cosas es matar a las personas. Preocupémonos más de las personas que del dinero.

Y no nos olvidemos de nuestra oración, de cómo nos enseñó Jesús a rezar. La única oración que nos mandó rezar termina así: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”. Amén

Caridad por ayuno

 En lugar del ayuno de carne en Cuaresma, el Papa Francisco propone 15 sencillos actos de caridad. 

Mira qué belleza! 


💠1.saludar. (siempre y en todo lugar)


 💠2. Dar las *gracias* (aunque no "debas" hacerlo).


 💠3. Recordarle a los demás cuanto los *amas.*


 💠4. *Saludar con alegría* a esas personas que ves a diario.


 💠5. Escuchar la *historia* del otro, sin prejuicios, *con amor*.


 💠6. Detenerte para *ayudar*. Estar *atento a quien te necesita.*


 💠7. *Levantarle los ánimos* a alguien.


 💠8. *Celebrar* las *cualidades* o *éxitos* de otro.


 💠9. *Seleccionar* lo que no usas y *regalarlo* a quien lo necesita.


 💠10. *Ayudar cuando se necesite* para que otro descanse.


 💠11. *Corregir con amor,* no callar por miedo.


 💠12. *Tener buenos detalles* con los que están *cerca de ti.*


 💠13. *Limpiar lo que uso en casa.*


 💠14. *Ayudar a los demás a superar obstáculos*.


 💠15. *Llamar por teléfono a tus padres*, si tienes la fortuna de tenerlos.

 

 

• *Ayuna de palabras hirientes* y transmite palabras bondadosas

 

• *Ayuna de descontentos* y llénate de gratitud

 

• *Ayuna de enojos* y llénate de mansedumbre y de paciencia

 

• *Ayuna de pesimismo* y llénate de esperanza y optimismo

 

• *Ayuna de preocupaciones* y llénate de confianza en Dios

 

• *Ayuna de quejarte* y llénate de las cosas sencillas de la vida

 

• *Ayuna de presiones* y llénate de oración

 

• *Ayuna de tristezas* y amargura y llénate de alegría el corazón

 

• *Ayuna de egoísmo* y llénate de compasión por los demás

 

• *Ayuna de falta de perdón* y llénate de actitudes de reconciliación

 

• *Ayuna de palabras* y llénate de silencio y de escuchar a los otros

 

🌟Si todos intentamos este ayuno, lo cotidiano se llenará de:


*PAZ,*💜

*CONFIANZA,*💜

*ALEGRÍA,*💜

Y *VIDA*💜


viernes, 17 de febrero de 2023

REFLEXION DOMINGO VII. TIEMPO ORDINARIO.CICLO “A”

En la primera lectura que hemos escuchado, del libro del Levítico, leemos estas palabras: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”.

Este es el camino del cristiano: ser como es Dios, nuestro Padre, que se hizo presente entre nosotros por medio de su Hijo Jesús, que compartió nuestra vida y de quien aprendimos quien es Dios, y por ello a ser como Él. 

Y si algo aprendimos de Jesús, es que Dios es amor. y cristiano es aquel que ama a todos.  Cristiano es quien quita el odio de su corazón para llenarlo de amor al prójimo, como Dios nos ha amado a nosotros.

El evangelio de Mateo nos dice cuáles fueron las enseñanzas de Jesús. Hemos hecho la lectura del final de las bienaventuranzas, del camino para ser felices. Y nos deja dos enseñanzas.

La primera es que, en nuestra sociedad y en nuestra Iglesia, lo primero es el perdón y no la venganza. El ejemplo nos lo dio Jesús en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Piensa bien si sabes, si sabemos perdonar a todos.

Y la segunda enseñanza, de las muchas que nos dejó Jesús, es el amor a los enemigos. A Jesús le vemos junto a los pecadores, incluso comiendo con ellos en su casa, y aquí nos podemos acordar de Zaqueo, publicano y pecador, cuando Jesús fue a comer a su casa. Dios ama hasta a sus enemigos.

El perdón y el amor a los enemigos nos hace semejantes a Dios. Así podremos vivir el mandato de Jesús: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. El “Ser santos, porque yo, el Señor, tu Dios, soy santo”.

domingo, 5 de febrero de 2023

Reflexión. QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO “A”

VOSOTROS SOIS SAL Y LUZ.

La sal da el sabor a los alimentos. Cuando a un alimento le falta la sal es, o bien porque no está bien cocinado o porque quien ha de comer ese alimento no está sano del todo y el médico le ha prohibido la sal. 

La Iglesia, los cristianos tenemos la vocación de llevar la sal al mundo de hoy. Esa sal que el domingo pasado leíamos en el evangelio de la Bienaventuranzas. Seguido del evangelio de las bienaventuranzas, Jesús nos hace esta invitación que hemos leído en el evangelio de hoy. En esta vida, o somos dichosos (bienaventurados) o estaremos tristes y desvalidos. 

Para vivir como hijos de Dios, los cristianos, nuestras comunidades y nuestra Iglesia, nos miramos en este encargo que Dios nos ha hecho: ser sal y ser luz. Se nos ocurre con frecuencia el decir como hoy tendría que ser la Iglesia: ordenarse las mujeres, casarse los curas, “no poner pegas” para la celebración de la fe, que para que las catequesis… Y nos olvidamos que la gran pregunta ha de ser: ¿Somos sal de la tierra y luz del mundo? ¿Cómo tendremos que aprender y hacer para que el mundo no sea ni soso ni oscuro?

Porque hoy también se necesita tener mucha luz para vivir en este mundo tan complicado en el que estamos. Cuantas veces, porque nos falta la verdadera luz, no vemos por donde va la vida ni como tenemos que recorrerla para que seamos felices y hagamos felices a los demás. Preferimos una luz que nos ilumine a nosotros mismos, que nos justifique nuestros intereses y nuestras decisiones en las que solemos buscar solamente aquello que nos interesa a nosotros para creernos buenos y los mejores. Y si el cura dice algo en la homilía que no nos favorece, que nos ilumina con los caminos de Jesús, que tantas veces no son los nuestros, la respuesta es fácil: “Este cura no predica el evangelio, se mete en política”. “Es un rojo”

Y es que los cristianos no somos sal de la tierra ni luz del mundo, porque tenemos el salero vacío y la vela apagada. Llena tu vida con la sal que nos trae Jesús, con sus enseñanzas que nos muestran el verdadero (yo diría que el único) camino de nuestra felicidad. Lee y medita mucho el texto de las bienaventuranzas que leíamos el domingo pasado, en el evangelio de Mateo, capítulo 5. Es la mejor de las sales, tendremos una vida con sabor.

Y déjate iluminar tus caminos con la gran luz de Cristo resucitado, verdadera luz que nos ilumina, y no te escondas detrás de tus egoísmos, que nos dan tanta sombra que no nos dejan disfrutar de la luz que nunca se apaga, y nos llevan a vivir en las tinieblas más amargas.





















sábado, 28 de enero de 2023

Reflexión de la cuarta semana del tiempo ordinario - ciclo A

 CUARTO DOMINGO TIEMPO ORDINARIO “A”.

Hoy hemos escuchado una de las más hermosas páginas del Evangelio. Son las primeras palabras que Jesús nos dirige cuando comienza su anuncio del Reino de Dios. En el monte de las Bienaventuranzas proclama la Nueva Ley del reino de Dios, como en el monte Sinaí Moisés recibió la ley que regiría al Pueblo de Israel. Y la Nueva Ley de Dios, proclamada por Jesucristo, es que Dios nos quiere felices.

Es una realidad la que hay en nuestras vidas: los hombres y mujeres del mundo nos parecemos en que todos queremos ser felices. Y también nos parecemos en que no sabemos cómo conseguirlo. Para salir de este embrollo tenemos este mensaje que Jesús nos deja en las Bienaventuranzas.

Con las Bienaventuranzas comienza el evangelio de Mateo. A lo largo de todo él, iremos viendo cómo se viven estas Bienaventuranzas, que no se viven en el bolsillo lleno de dinero, en un puesto de poder, en un no sufrir dolores ni enfermedades, en tener todos los bienes materiales conseguidos… La verdadera felicidad nace de un corazón lleno de amor hacia los demás, lo mismo que Jesús nos da la verdadera felicidad en el amor que nos tiene, que le llevó a dar su vida por todos nosotros en la cruz y que, por esta entrega amorosa, llegó a la gloria de la eterna bienaventuranza en la gloria de su resurrección.

Sofonías, el profeta que hoy leemos y escuchamos en la primera lectura, ya nos da la primera pista: la humildad, la justicia, el derecho, la pobreza… son el camino de la felicidad que nace en el corazón y que por ello nos trae la verdadera Bienaventuranza. Es el nuevo pueblo de Israel, un pueblo humilde y pobre que buscará su refugio en el Señor, dador de la verdadera felicidad, para la que nos ha creado.

También en el salmo que hemos rezado, damos gracias y aprendemos de un Dios que está cerca de los hambrientos, cautivos, ciegos, los peregrinos, huérfanos y viudas, los más débiles de la sociedad israelita. Junto a ellos siempre está el Señor, el que ama la justicia y rechaza la maldad. El Señor es la fuente de la verdadera Bienaventuranza. Solo el que recibe al Señor y de él aprende a vivir será feliz. Y que tristeza hay en la persona que busca la felicidad por otros lados. 

Dios está siempre cerca de los pobres y necesitados. Así era la comunidad cristiana de Corinto, una de las primeras fundadas por San Pablo. Lo humilde y pobre del mundo es quien puede encontrar la grandeza en Dios

Por eso hoy tenemos un claro mensaje: busca ser feliz, como Jesús nos enseña en las bienaventuranzas. Y serás verdaderamente feliz, haciendo felices a los demás.

lunes, 16 de enero de 2023

Reflexión: Jesús el Cordero de Dios

 Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Los judíos sacrificaban en el templo de Jerusalén un cordero sobre el que caían los pecados del pueblo y así, mediante este sacrificio, eran perdonados.

Jesús vino para ser ese cordero de Dios, con su entrega en el sacrificio de la Cruz. Por eso, antes de la comunión, decimos mostrando el Cuerpo de Cristo en el pan consagrado y roto para significar la muerte de Jesús: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

Este sacrificio de Jesús se renueva en cada Eucaristía que celebramos. Es la fuerza que recibimos para ser fieles al bautismo que hemos recibido. Un bautismo del Espíritu Santo, de una nueva vida alejada del pecado y cercana a Jesús, sobre el que bajo este Espíritu Santo el día de su bautismo, que era el día en que comenzaba el anuncio de la Salvación, de la vida nueva a todo nosotros y que culminó cuando en la cruz entregó el Espíritu a su Padre.

Como nos recuerda Isaías, Jesús es la luz de las naciones, de todos los hombres y mujeres del mundo. El pecado oscurece nuestra vida, no nos deja obrar con libertad, cambia el amor en egoísmo, en vez de hermanos solo vemos enemigos en los otros, nos creemos superiores a los demás, incluso superiores a Dios, que para nosotros no cuenta nada. 

Con esta fuerza de Dios, manifestación del amor que nos ofrece, leemos la Sagrada Escritura, en especial los evangelios para ir descubriendo la verdadera luz de Cristo. Ella ilumina nuestra vida y la llena de felicidad. 

A veces nos encontramos tristes, desanimados, desconcertados, sin saber que hacer y sin encontrar el sentido a nuestras vidas. Y es que no somos capaces de aceptar el amor que Dios nos da, porque las demás cosas solo nos dan preocupaciones inútiles. Hagamos un hueco en nuestro corazón para que se llene del Espíritu de Dios, que es verdadero amor.

viernes, 6 de enero de 2023

Reflexión de la Epifanía del Señor


EPIFANIA DEL SEÑOR.

6 de enero de 2023.


Una bonita historia es la que hoy nos presenta el Evangelio. Qué pena que, con esta fiesta, la que hoy conocemos como “los Reyes Magos”, nos hayan tapado esta historia y la hayan trasladado de Belén al Corte Inglés. Es el día de llevar regalos a todos, a los niños y a los no tan niños. Bueno, a casi todos, porque para muchos no habrá regalos, no nos llega el dinero para tanto. Y entre ellos, uno de los que siempre se suele quedar sin los regalos es Jesús, el niño de Belén. Pobres nosotros, que no contamos con ellos en este día. Ni con Jesús ni con sus amigos, los niños que lo pasan mal, las primeras víctimas de las crisis en las que estamos envueltos.

En este día hay tres protagonistas, como nos señalan las lecturas que hoy hemos leído.

El primero de todos es Jesús. Él es la luz que brilla en nuestro mundo. Aquella luz de la que durante todo este tiempo nos ha estado hablando el profeta Isaías. Luz que viene y a la que vamos para que ilumine el camino de nuestras vidas o luz de la que huimos para que no nos veamos envueltos en tantos egoísmos como llenan nuestro corazón. Pero si nos falta la luz no vemos nada, nos llenamos de miedo, nos encontramos perdidos, no sabemos por dónde está el camino de nuestras vidas, vemos fantasmas por todos los lados… la vida es un horror. Déjate iluminar por Jesús, luz verdadera que nuca se acaba. Luz para todos nosotros y para todos los pueblos de la tierra. Conócete a ti mismo y cada día podrás ser mejor, creciendo como hijo de Dios.


Por eso hay unos segundos protagonistas, los Magos del Oriente. Ellos vieron una luz en forma de estrella, y la fueron siguiendo para encontrar a Aquel que es la verdadera luz que ilumina nuestras vidas. Siguen la estrella, preguntan dónde está la verdadera luz cuando la estrella desaparece, siguen las indicaciones que han recibido y al final llegan a la presencia de Jesús. Allí está la verdadera luz. 



La luz en quien reconocen a un rey, al que ofrecen el regalo de oro.  Un rey que tiene su trono en la cruz y que su corona es de espinas.  Un rey que no manda porque tiene poder, sino que manda sirviendo y dando su vida por todos. 

Al niño de Belén le reconocen como a Dios, al que ofrecen el incienso. Un Dios que no está en los cielos, sino un Dios que habita en la tierra acompañando y llevando su fuerza y su amor a aquellos a quienes los hombres dejan abandonados. Es el Dios que ha venido, amigo de los pobres, los leprosos, los enfermos, de los abandonados por la sociedad, de los últimos y de los que no cuentan. 

Y al niño de Belén le reconocen como hombre y le llevan mirra. Es el Dios que se ha hecho uno de nosotros para enseñarnos a ser como El.  Vive como nosotros, siempre a nuestro lado, enseñándonos a ser personas humanas y no animales de dos patas. Porque el verdadero hombre, que ha sido creado por Dios nuestro Padre, es el que se parece a Dios en su manera de vivir y de comportarse. 

Para ellos, para los Magos del Oriente, el Niño Dios es la verdadera luz, la que no se apaga, la que siempre brilla y nos conduce en la vida por caminos de la verdadera felicidad. Y para nosotros, ¿Quién es Jesús, el de Belén?


Y otro protagonista es Herodes. Es el que tiene miedo a la luz, porque tiene mucho que esconder. De bueno no tiene nada. Está vendido a los poderes del imperio romano. Y no quiere adversarios. Ante la luz que ha llegado sólo tiene una intención: apagarla, llenar el mundo de oscuridad para que nadie vea su maldad. Herodes siempre a lo suyo y nunca para los demás. El no llevó a Belén no oro ni incienso ni mirra. Solo llevó destrucción y muerte, acabando con los niños de aquella tierra, con los Santos Inocentes. Con aquellos que no tenían culpas, porque la única culpa la tenía Herodes. Nosotros hay veces que nos parecemos a ese rey tirano. Cuando vemos en los demás no hermanos sino enemigos, gentes llenas de faltas, defectos, mala vida. Gente de la que lo mejor que podemos hacer es estar lejos de ellas, que se arreglen como puedan.


 ¿Sabéis una cosa? ¿A que no estaría mal que cada día seamos menos Herodes y nos acerquemos más a los Magos del Oriente?

La pregunta ahí queda. La respuesta está en cada uno de nosotros. Pero no os olvidéis. Todo es cuestión de estar a la luz para que podamos vernos y conocernos. Y así alcanzar la mejor respuesta, de palabra y de obra.

domingo, 30 de enero de 2022

Reflexión

 Un pequeño niño abordó el avión en que yo viajaba llamando la atención de todos. Buscó su asiento y se sentó a mi lado. Se veía que era un niño educado, seguro e inteligente. Me miró, sonrió y sacó su libro para dibujar. A pesar de su corta edad, no mostraba señales de ansiedad o nerviosismo. El vuelo no fue bueno; hubo turbulencias, pero el niño conservó la serenidad. Le pregunté: “¿No tienes miedo?”. Y me contestó: “No. Mi padre es el piloto”, y siguió con su libro.


A lo largo del camino encontraremos “turbulencias”. Habrá momentos en que no sentiremos terreno sólido y estaremos inseguros. Recordemos Quién es “nuestro

piloto”, ¡y no nos preocupemos! Y siempre que necesitemos que alguien nos ayude, meditemos en esto: “Nuestro padre es el piloto”.

viernes, 31 de enero de 2020

La lección de unos viejos zapatos - Historia para reflexionar

En cierta ocasión un estudiante universitario dando un paseo con su profesor, se encontraron en la vera del camino un par de zapatos viejos. Supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado, terminando sus labores diarias. El alumno dijo al profesor:

"¡Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre!".

“Mi apreciado joven - le dijo el profesor - nunca tenemos que divertirnos a expensas de los demás y menos aún si son pobres. Porqué no hacemos lo contrario. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda de oro en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver que cara pone y cual sea su reacción cuando las encuentre”.

Eso hicieron y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El anciano, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos.

Al deslizar el pie en el zapato, sintió algo extraño dentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó quien la había introducido. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue mayor aún al encontrar la otra moneda. Se sobrecogió; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente oración de agradecimiento en voz alta, pidiéndole perdón a Dios por haber desconfiado de su Providencia. Dijo: "Mi fe se había debilitado por la enfermedad de mi esposa sin poder pagar al médico o comprar las medicinas; porque habíamos agotado el pan y mis hijos tenían hambre; porque no tenía con qué comprar semillas... Pero tú, Señor has enviado una mano amiga para aliviarme ¡Bendito seas Señor!"

El estudiante quedó profundamente impresionado y el que, en principio quería reirse de aquel acabó llorando junto a él. 

- “Ahora, le dijo el profesor, ¿no encuentras más complacencia que si hubieras gastado una jocosa broma?”

El joven respondió: "Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: Que hay mayor felicidad en dar que en recibir".





Fiesta de Santa Ana en Riva - Fotos