sábado, 18 de febrero de 2017

Reflexiona cada día

Servir a todos
18 febrero, 2017 por Mater Dei 

Servir exige la necesaria humildad de ponerse por debajo de otros. ¿Cómo tienes que servir? Como Cristo sirvió. Contémplale lavando los pies a sus discípulos: al que había de negarle, al que recostó la cabeza sobre su pecho, al que eligió para ser roca de la Iglesia, a los que se disputaron el primer puesto, al que le vendió por treinta monedas. Contémplale curando a los más necesitados, consolando a la madre viuda, devolviendo la vista a tantos ciegos, saciando el hambre de multitudes, predicando a todos las cosas del Reino. Pues bien, ninguno de estos servicios podrá jamás igualar en algo al mayor y supremo servicio de la Cruz.

No te importe dedicarte a tareas aparentemente inútiles o a ocupaciones que no te dan relumbrón ante los demás. No te importe hacer tu aquello que nadie quiere hacer. ¿Que terminan todos aprovechándose –incluso abusando– de tu disponibilidad? ¿Que van buscándote por interés o conveniencia y hasta se sirven de ti y luego te olvidan? Muchos de aquellos leprosos, ciegos, enfermos, que pidieron al Señor una curación también se acercaron al Maestro por puro interés y luego se olvidaron de El; algunos, incluso, estuvieron mezclados entre aquella turba que gritó crucifixión para el Señor el día de Viernes Santo. Si tu mayor o menor disponibilidad está, como una veleta, a merced de antipatías y simpatías, de políticas humanas, de la buena o mala opinión que te pueda proporcionar, del beneficio propio que puedas obtener, entonces tu actitud de servicio no irá nunca más allá de los límites de una miope filantropía que se va haciendo cada vez más egoísta. La verdadera caridad no se cansa de amar, en Dios y desde Dios. Y no teme servir hasta la humillación de la Cruz, si con eso imita en algo el amor de aquel Dios inclinado a lavar los pies de sus criaturas.