miércoles, 2 de agosto de 2017

Reflexiona cada día

Espíritu Santo, que nos iluminas con el don de Ciencia
1 Agosto, 2017 por Mater Dei.

“Y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gn 2,9). El Génesis coloca el bien y el mal bajo la órbita de la ciencia. El don de Ciencia es una participación en la ciencia de Dios. Es una luz constante del Espíritu, que ilumina el alma, para conocer y juzgar las cosas humanas desde la óptica de Dios y de la fe. Con el don de Ciencia ayudamos al don de inteligencia a descubrir las verdades de la fe y al don de la sabiduría a poseerlas. La Ciencia del Espíritu Santo nos ayuda contra el equívoco de la seducción de las criaturas, en las que fácilmente solemos poner el corazón, atraído por el encanto fugaz del que están revestidas.

No podemos olvidar, por otra parte, que la Ciencia, aun siendo un don del Espíritu, ha de someterse al amor. Esta es, en definitiva, la única razón de la que podemos gloriarnos. Podremos adornarnos con las virtudes más excelsas y con las cualidades más extraordinarias, incluso algunos nos aplaudirán y muchos podrán alabarnos por nuestras dotes; pero, si el amor queda desplazado por nuestra vanidad o soberbia, ¿qué habremos ganado? Habremos urdido la mayor mentira jamás contada: “Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy” (1 Co 13, 2).

La ignorancia y la falta de conocimiento sobre nuestro comportamiento y el de los demás nos impide vivir esa vida de caridad a la que se refiere el apóstol. Con la Ciencia del Espíritu atisbamos a Dios con esa intuición sobrenatural que adivina su sello en todo y en todos. Conocer las cosas como las conoce Dios es pedir al Espíritu la gracia de participar en su visión divina, antes de llegar a verle cara a cara en el Cielo.