miércoles, 26 de julio de 2017

Reflexiona cada día

Del miedo a la ineficacia de lo absurdo, líbrame Jesús


Solemos creer que nuestra lógica humana, cuanto más racional es, más eficaz se muestra. Nos cuesta no meter a Dios en la lata de nuestros criterios humanos y, por eso, nos desconcierta su modo de hacer las cosas. Como su lógica dista mucho de la nuestra, fácilmente asociamos la ineficacia con el fracaso, o la falta de medios con la inoperancia divina. Pero, a poco que conozcas el Evangelio, verás que está cuajado de absurdos. Una Virgen que es Madre sin intervención de varón, y que da a luz un hijo que es Dios. Un Dios que, para revelarnos su omnipotencia, se nos hace niño en un pesebre. Una familia que, por voluntad de Dios, ha de huir refugiándose en un país extranjero. Un Hijo que, siendo Dios, pasa treinta años de su vida en una aldea perdida del mundo, dedicándose a tareas aparentemente inútiles. Un Dios que redime al hombre en el fracaso de la Cruz. Una Iglesia fundada en hombres pecadores.

Todo eso lo escogió Dios para confundir la sabiduría de este mundo. Lo absurdo puede revestir una gran eficacia sobrenatural, si responde a los planes de Dios. Porque su acción divina no está limitada ni condicionada a tu corta lógica humana, es capaz de encerrar todo su misterio en la forma y apariencia de lo humanamente absurdo. Cuántos disgustos te ahorrarías si tu fe en el poder de Dios sobrevolara las limitaciones y formas de hacer de los hombres, que tantas veces resultan equivocadas por apoyarse sólo en su autosuficiencia. No temas los absurdos que vienen de Dios, no te rebeles ante las situaciones que no entiendes. El Evangelio te enseña a creer a contrapelo, a vivir contracorriente, doblegando a la lógica de Dios tu criterio y esa forma de hacer las cosas, que a ti te parece tan sensata y prudente. La lógica del absurdo de Dios debería ser la regla y norma de todas tus lógicas.