sábado, 8 de abril de 2017

Reflexiona cada día

Se nos va la fuerza por la boca
8 Abril, 2017 por Mater Dei.

Toda la riqueza interior que acumulas en tu tiempo de oración, en tus Eucaristías, en tu trato con Dios, se te puede evaporar con rapidez cuando no gobiernas y dominas tu lengua. Es difícil no hablar con ligereza y superficialidad, saber ponderar comentarios o evitar críticas apresuradas y valoraciones innecesarias cuando el corazón no está lleno de silencio interior. Si llevas dentro mucho ruido de afectos desordenados, de pensamientos vanidosos, de prisas y activismos, de dudas y tentaciones, de inquietudes, de excesivas preocupaciones, de rencores, tu hablar será igualmente ruidoso y desordenado. Y con ese ruido alocado en el alma es lógico que pienses que Dios no te habla, que no le ves, que está lejos de ti, que no te escucha.

Una forma de hacer silencio interior es cuidar y ponderar lo que hablamos y decimos, sobre todo cuando la precipitación, la ira o el excesivo entusiasmo nos hacen decir cosas de  las que –la mayoría de las veces– terminamos por arrepentirnos. Aprende a ser discreto, cauto y ponderado en el hablar, porque, una vez que la caja de Pandora se ha abierto, es imposible volver a encerrar en ella todos los vientos que se escaparon. Aprende de los silencios y del hablar de Dios. Contempla a menudo tantos silencios de Nuestro Señor, mucho más abundantes en su vida que sus palabras y sus milagros. Aprende de esos fecundos silencios de nuestra Madre, que acompañaban tan de cerca los silencios del Hijo. Pídele a san José que te enseñe y ayude a vivir el silencio, como él lo vivió: lleno de contemplación, junto a María y a Jesús. Cuanto más vayas llenando de Dios tu corazón más buscarás tu silencio interior. Empezarás, entonces, a hablar el verdadero lenguaje, el de Dios, y tu vida ya no podrá callarle.